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Festivales de Cine

El Festival de Mar del Plata llega racionalizado

22 de Enero, 2006, 12:43

Por @ 22 de Enero, 2006, 12:43 en Festivales de Cine

En noviembre del 2005 se cumplieron diez años de la recuperación del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, tras un paréntesis de 26, desde 1970, cuando el gobierno militar de entonces decidió interrumpirlo por motivos que excedían lo estrictamente presupuestario.


La edición número 21º, que comenzará el 9 de marzo y se extenderá hasta el 19 del mismo mes, será la décima de esta segunda etapa, la cuarta a cargo de Miguel Pereira. El cambio de fecha de noviembre a marzo, decidido en 2000 por José Miguel Onaindia, postergó también la posibilidad de un festejo exacto.


Hasta ahora, poco y nada se ha adelantado de esta nueva entrega (los anuncios oficiales se harán en el Festival de Berlín, que comienza el 9 de febrero próximo). Sin embargo, y con la perspectiva que da el tiempo transcurrido desde marzo de 2005 hasta la fecha, pueden sacarse algunas conclusiones que son claves de reestructuración que ya está en marcha.


Tras una voluminosa 20a. edición, excedida en cantidad de películas y secciones, innecesarias para el perfil que pretende alcanzar la única muestra de América latina incluida en la primera categoría de la Fiapf (Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films), los organizadores pretenden una estructura más acotada, en correspondencia con un presupuesto que, una vez más, no puede exceder las previsiones.


En ese sentido, es claro que esta nueva apuesta por el cine internacional tendrá una cantidad más ajustada de películas, un número parecido al del Festival de San Sebastián. Para eso se han definido cinco bloques -Sección oficial, Nuestras miradas, Otras miradas, Miradas breves, Volver a mirar- que se subdividen en 16 secciones, a razón de diez títulos cada una (la excepción será la oficial competitiva, que tendrá seguramente 18), incluyendo homenajes, presentaciones especiales (en una de las cuales ya se sabe que irá "Derecho de familia", de Daniel Burman) y cortometrajes, un total de 200 títulos.


"La abrumadora cantidad de películas que circulan por el igualmente abrumador número de festivales ha creado un verdadero torrente audiovisual donde a veces se torna muy difícil focalizar nuestra mirada", asegura Pereira en la página web del festival (www.mardelplatafilmfest.com). "Muchos argumentan, y no están alejados de la realidad, que los festivales internacionales de cine se han convertido en verdaderos circuitos de exhibición alternativos al cine producido por Hollywood, lo que equivale a decir, el cine del resto del mundo. Allí donde Hollywood tiende a unificarlo todo en una única mirada homogénea, los festivales de cine intentan, a través de sus programaciones, mostrar el amplio y riquísimo tapiz cultural conformado por la inmensa diversidad de miradas de realizadores de todos los confines del planeta", dice.


Del análisis de Pereira surgen los nombres que se han elegido desde ahora para los bloques temáticos. A pesar de la pesada carga "latinoamericanista" o inclinada al cine oriental que parece haber avanzado en las grillas de las últimas entregas, también existe una clara intención de seguir de cerca a los creadores de vanguardia, europeos e incluso norteamericanos, que mayores dificultades tienen sobre todo en la Argentina y los países de la región, a la hora de presentar públicamente su oferta.


Acompañando a Pereira, como en 2005, la producción general del festival marplatense seguirá siendo de Aldo Rozín, quien estará a la cabeza del rubro ejecutivo. El comité asesor para toda la muestra quedó conformado por cuatro miembros, es decir, uno más que en la versión anterior, a saber la guionista Irene Ickowicz, y los críticos Fernando López y Pablo Scholz, que ya estuvieron en la edición anterior, a los que se suma Horacio Bernades. Al bloque de programadores, con mínimos cambios respecto de 2005, se suma Carlos Loiseau (Caloi), que tendrá la responsabilidad del área animación. Fernando Brenner, que en las últimas entregas se desempeñó como programador en la muestra América Latina XXI, desde ahora comparte con Susana Landau la responsabilidad del Mercado del Film, uno de los eventos más desaprovechados en la que fue su etapa inaugural. También el área prensa tuvo cambios (en estas nueve ediciones ya hubo al menos media docena de encargados del tema), que quedó a cargo de un equipo conducido por Lola Silberman. El staff suma, hasta ahora, alrededor de 70 personas, pero seguirá creciendo en la medida en que se acerquen las fechas decisivas.


El panorama que ofrece actualmente el cine mundial no es para entusiasmar al gran público. Tampoco al exigente, que ya no encuentra, como sí ocurría hasta finalizar el siglo XX, esos nombres que garantizaban cine del mejor y en cantidad. Lo mejor de lo visto en las últimas ediciones de Venecia, San Sebastián y, por lo que se anuncia hasta ahora, de lo que se verá en Berlín dentro de un mes, es con la mejor de las suertes cine de elite. Los invitados son cada vez menos refulgentes y los jurados se repiten de una muestra a otra. Como dice Pereira, los festivales tienen ahora un papel nunca pensado en viejos tiempos: el de convertirse en salida de ese cine que llega con cuentagotas a los circuitos cinematográficos hegemonizados por Hollywood. Cinematografías que se sostienen, en la mayoría de los casos, por los apoyos oficiales y que, cuando se exhiben en festivales, sólo reciben como rédito presencia en los medios a los que de otra forma difícilmente accederían. Obras que, de estrenarse muchas veces a trasmano y en condiciones precarias, pueden funcionar siempre y cuando el boca a boca esté de su lado. Un cine más cercano al arte que a la industria, por suerte cada vez más frecuente, difícil de comercializar pero necesario. Un cine que sin ser magistral interesa, porque es el principio de algo que seguramente sucederá. Una paradoja más de un presente que necesita un mejor futuro. Un motivo que refuerza la importancia de los "mercados", que son los puntos de encuentro entre las producciones locales y quienes pueden distribuirlas en el exterior. Una vidriera privilegiada que podría facilitar recuperar los altos costos que implica hacer cine en países con monedas fuertes, sobre todo cuando se trata de ese tipo de oferta que no encaja en los modelos industriales.


Mar del Plata se prepara para aceptar el desafío de construir el modelo de festival de los tiempos que vienen una vez más, y en un mes estará dando noticias de su oferta.


Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION

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